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Motor 2000
Infiniti coquetea con la deportividad: Q60S 3.0t
La firma nipona premium ha desempolvado la inspiración deportiva para dar forma a su nuevo modelo prestacional, sacando su lado más agresivo, pero sin perder la compostura, es decir, conservando la elegancia y el glamour que le caracteriza.
05-12-2017  |  Aythami Alonso / Fotografía: Micael Löfgren
Q60 recibe el legado de un vehículo que ha marcado la historia de Infiniti, el G37, uno de los modelos más conocidos de la corta andadura del fabricante nipón, cuyo lema ‘Inspired Performance’ transmite la excelencia en el rendimiento de todas sus creaciones, entendido el vocablo “rendimiento” en alusión a un sinfín de atributos, como el lujo, las prestaciones puras, el confort, la estabilidad, en definitiva, todas las cualidades que el comprador de un Infiniti anhela cuando cruza la puerta del concesionario en busca del automóvil que se ajusta a sus gustos, sea cual sea el segmento en el que se encuadre.

Por lo general, un vehículo deportivo suele llevarse mal con el confort de marcha, o con la habitabilidad, pero a cambio nos ofrece unas sensaciones irrepetibles al volante que nos hacen olvidar esas carencias. Pues bien, Infiniti se ha propuesto contentar a un amplio espectro de conductores que prefieren no renunciar a una serie de atributos normalmente disociados, sacrificando de un extremo y del otro para confluir en el resultado hoy que tenemos frente a nosotros: el Infiniti Q60.

Belleza natural
A solas, el nuevo deportivo japonés es discreto, tendiendo incluso a pasar desapercibido, pero cuando se entremezcla con el resto de vehículos saca a relucir una belleza deslumbrante sin apenas esfuerzo, virtud que lo hace más atractivo aún. En el frontal encontramos los rasgos típicos de Infiniti: calandra dibujada por la intersección de dos arcos y grupos ópticos con forma de ojo humano, a los que se suma la branquia cromada que luce en la parte posterior del guardabarros.

Al acercarnos a la zaga nos espera el sello de la casa: un trazo convexo desbaratando la homogeneidad del pilar C. Los pilotos traseros abarcan buena parte del guardabarros y se van estrechando a medida que se deslizan hacia el emblema de la marca en el centro del portón del maletero, el cual está rematado por una protuberancia encargada de imprimir carácter a la zaga y de optimizar el coeficiente aerodinámico, que tiene un Cd de 0,29. Como complemento visual a este alarde de buen gusto aparecen las llantas de 19” en negro y cromo, a través de las cuales asoman las pinzas de freno en color rojo. Por supuesto, las lunetas de las puertas no disponen de marco, como buen deportivo que se precie.

Interior mixto
En la resolución del habitáculo, los diseñadores de Infiniti tampoco han querido desequilibrar la balanza hacia lo moderno ni hacia lo retro, manteniendo la armonía entre lo digital y lo analógico como queda patente en la dualidad del sistema de climatización y de audio, que disponen de un control táctil a través del display central de 8” y una gestión mediante botonería física, precisamente a ambos lados y en la zona inferior de este display. A través de éste se maneja digitalmente el citado sistema de climatización y el equipo de audio, además de la telefonía, la configuración de parámetros del vehículo (dirección, suspensión adaptativa, respuesta del motor, etc) y las diferentes aplicaciones compatibles con el Infiniti ‘InTouch’, que es como denomina el fabricante a su sistema multimedia.

En lo alto del salpicadero se ubica otra pantalla de menor tamaño, concretamente de 7”, encargada de mostrar el navegador, cuyo manejo además de táctil se puede ejecutar mediante un mando rotatorio situado tras la palanca de cambios. Su funcionamiento es bastante intuitivo y sencillo, bastante más que la gestión del sistema ‘InTouch’, que requiere de un periodo de adaptación y formación si se desea sacarle todo el partido que ofrece.

El volante también acoge algunas funciones relacionadas con el limitador de velocidad y control de crucero, así como la visualización de las páginas del cuadro de instrumentos digital, que nos ofrece una amplia información acerca de ayudas a la conducción, ordenador de a bordo, reconocimiento de señales, etc. Llama la atención que sigan manteniendo el freno de estacionamiento a la vieja usanza, mediante un pedal junto al apoyapies izquierdo del conductor.

El fabricante define al Q60 como un cuatro plazas, pero para ser más exactos, nos encontramos antes un 2+2 plazas, pues tanto por acceso a la cabina posterior como por altura libre desde la banqueta hasta el techo, no permite viajar con un mínimo de confort a un adulto de estatura media.

Manejabilidad adaptativa
Hace tiempo que tenía ganas de probar la dirección adaptativa de Infiniti, y qué mejor forma de hacerlo que al volante del Q60, un modelo que invita a percibir sensaciones deportivas. Una de las grandes ventajas del Q60 en acabado Sport es que dispone de un selector de modos de conducción programable, de tal forma que podemos escoger la respuesta del motor, el control de trazada, el aviso de salida de carril y dos elementos que intervienen directamente en la manejabilidad del coche, ambos adaptativos, como son la suspensión y la dirección.

Esta última dispone de un motor eléctrico a cada lado de la cremallera, los cuales se encargan de mover las ruedas siguiendo la consigna del volante, es decir, el ángulo que gira el conductor. Lo más importante es que al estar controlada mediante una centralita electrónica se puede calibrar su funcionamiento de forma precisa (1.000 ajustes/segundo). Por otro lado, al no existir unión física entre la cremallera de dirección y el volante por medio de un cardán, las vibraciones del tren delantero no se transmiten a las manos.

Lo más importante: ¿cómo responde dinámicamente?. Es una delicia y merece la pena sacar provecho a la posibilidad de escoger el tacto entre Standard, Sport y Sport+. El primero es ideal para callejear o circular a velocidades bajas, mientras el último nos traslada a un vehículo de competición, con una dirección muy directa y precisa. Durante los primeros kilómetros se hace extraño que rodando por una carretera de montaña no sintamos las imperfecciones de la carretera, pero una vez nos habituamos es realmente aconsejable.

Lo mismo sucede con la suspensión dinámica (Dynamic Digital Suspension), igualmente regulable mediante el ‘Drive Mode Selector’, que nos permite circular de paseo, o imprimir un ritmo elevado sintiendo las fuerzas laterales, exigiendo a la tracción total todo su agarre.

Motor V6-biturbo
A los más acérrimos seguidores de Nissan, las siglas VR les sonará a música celestial, pues es la familia de propulsores que da vida al exuberante GT-R. En el caso del hiperdeportivo japonés se trata de un motor VR38 (3.8 litros), mientras que su hermanastro de Infiniti es un VR30 (3.0 litros). La diferencia entre ambos, además de la cilindrada, es su potencia máxima: hasta 600 CV en el caso del GT-R Nismo y 405 CV para el Q60 3.0t Sport.

Por otro lado, el enfoque más civilizado del Q60 3.0t le confiere una entrega de potencia mucho más progresiva, escalonada de menos a más según el modo de conducción seleccionado: Snow, Eco, Standard, Sport, Sport+ y Personal.

La diferencia entre Snow y Sport+ es claramente apreciable, pues incluso al ralentí las rpm se aceleran. En marcha, el modo Sport+ saca a relucir la versión más radical de los 405 CV, capaz de hacernos subir la adrenalina y sacar el piloto que llevamos dentro. El cambio, a pesar de no ser de doble embrague, es bastante rápido subiendo marchas (hasta 7), para lo cual disponemos de levas en el volante, directamente en la palanca, o en modo automático.

Los usuarios que no dispongan de los 62.800 euros que cuesta el Q60 3.0t Sport, o simplemente no necesiten tantas prestaciones, se pueden decantar por el Q60 2.0t Premium, con una potencia de 211 CV y un precio de 43.900 euros.
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