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Motor 2000
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Jueves, 27 julio - 2017 (21:41 h.)
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Alfa Romeo reverdece los laureles: Giulia
106 años de historia dan para mucho y la firma del biscione tiene un pasado glorioso asociado a la deportividad, la alta tecnología y al puro diseño italiano, factores que han sido rescatados, junto al nombre Giulia, para rememorar episodios inolvidables.
0 ComentariosEnviarImprimir20-12-2016  |  Aythami Alonso / Fotografía: Micael Löfgren
Alfa Romeo 75 fue el último modelo salido de la factoría de Arese (1985) con el sistema motriz encomendado al eje posterior, solución a la que recurren los fabricantes con la deportividad recorriendo sus venas: BMW, Mercedes-Benz, Jaguar...

Giulia, por su parte, es una denominación con solera y tradición en la historia de Alfa Romeo, que dio apellido a un modelo de corte juvenil y dinámico desde principios de los 60 hasta finales de los 70, por supuesto con propulsión a las ruedas posteriores pero con unas dimensiones bastante más contenidas que la versión actual, cuya longitud total es de 4,64 m, anchura de 1,86 m, altura 1,46 m y distancia entre ejes o batalla de 2,82 m, esta última récord del segmento y recurso alrededor del cual gira buena parte de la deportividad del Giulia 2016.

Distribución de masas
Con el fin de dar preferencia a la agilidad de movimientos y neutralidad de reacciones, los ingenieros italianos han dispuesto los elementos más pesados en una posición lo más centrada posible, para lo cual se ha alargado la batalla hasta los 2,82 m citados anteriormente, además de utilizar aleaciones en la fabricación de suspensiones, torretas, sub-bastidores, así como fibra de carbono en el árbol de transmisión, dando como resultado un peso realmente contenido (1.374 kg) para la versión 2.2 turbodiesel de 180 CV que nos ha cedido el concesionario de la marca, Icamotor.

A nivel dinámico lo que primero llama la atención del Giulia es su agilidad de movimientos y sensación de control, aspectos fundamentados en tres elementos de la parte ciclo como son transmisión, suspensión y dirección. En este último apartado, los ingenieros italianos se han acercado a parámetros de competición, pues han configurado una dirección con tan solo 2,2 vueltas de tope a tope.

Por otro lado, la firmeza del tacto a ritmos altos facilita enormemente la precisión de guiado, lo cual propicia que debamos adoptar un periodo de adaptación con el fin de sacar provecho a todas las ventajas que conlleva una rapidez de respuesta tan pronunciada.

A este factor se añade el hecho de que la motricidad haya sido encomendada al eje trasero, lo que libera a las ruedas delanteras del trabajo de direccionar y traccionar al mismo tiempo, haciendo que su guiado roce la perfección, pudiendo llegar al sobresaliente con el montaje de un opcional recomendable para los usuarios más adiestrados, como es el autoblocante de diferencial.

Y por último, la suspensión, cuyos tarados son más enérgicos de lo habitual haciendo que la pisada del Giulia se sienta en toda su profundidad, a costa eso sí, de sacrificar muy levemente el confort de marcha.

Motor turbodiesel “rabioso”
La gama Giulia está compuesta por un motor 2 litros gasolina de 200 CV, al que acompaña el estratosférico V6-2.9 biturbo Quadrifoglio de 510 CV. En turbodiesel se recurre al alabado JTD 2.2 litros de 150 o 180 CV, siendo este último el que hemos probado, acoplado al cambio manual de 6 relaciones, aunque se halla disponible uno automático, Q-Tronic de 8 velocidades.

Su comportamiento con el DNA en modo Normal o Ahorrador es dulce, elástico y con una espléndida capacidad de recuperación, a lo que se suma un consumo homologado de 4,2 litros/100 km, que en condiciones reales de conducción, es decir, dos adultos a bordo y recorrido mixto en Gran Canaria, hemos obtenido 5,4 litros de media, una cifra realmente contenida para lo que es capaz de ofrecer.

Todo cambia girando el pomo del DNA a la posición “D”, transformándose en un vehículo con carácter que obliga a intervenir al control de estabilidad si damos gas de forma brusca a la salida de un viraje, ofreciendo un comportamiento ligeramente sobrevirador que hará las delicias de los usuarios más racing.

El cambio manual de 6 marchas presenta un escalonamiento muy bien logrado, con un único punto mejorable como es la suavidad de inserción de la marcha atrás.

Interior evocador
Desde que abrimos la puerta del conductor y dirigimos la mirada al volante recibimos un claro mensaje, una declaración de intenciones acerca de lo que nos vamos a enfrentar, comenzando por el botón de arranque incorporado en el lado izquierdo del volante. Éste además adopta una posición casi vertical, lo que unido a la multiajustabilidad de la banqueta nos permite acomodarnos en una postura bastante deportiva.

En los dos brazos horizontales del volante quedan integrados los mandos de audio y el control de crucero. Frente a nuestra vista queda un cuadro de mandos de corte clásico, con esferas analógicas para velocímetro y tacógrafo, entre las cuales se sitúa el display del ordenador de a bordo, que ofrece información de aceleración lateral, consumo de combustible, eficiencia y cambios de marcha sugeridos.

En el centro del salpicadero queda embutido el sistema de infoentretenimiento ‘Connect 3D Nav’, cuyas funciones se reflejan en la pantalla de 8.8” de alta definición y su manejo se ejecuta por medio del pomo giratorio ubicado junto al mando del DNA.

La habitabilidad viene condicionada por las dimensiones del túnel central de transmisión, que para los ocupantes de la cabina delantera supone una bien recibida sensación de envolvimiento, pero que para el ocupante de la banqueta central trasera se convierte en un impedimento para lograr un buen confort.

En cuanto a ayudas a la conducción, quedamos asistidos por sistemas como la advertencia de colisión frontal; frenada de emergencia autónoma, incluida la detección de peatones; control de crucero adaptativo (opcional), además de advertencia de abandono de carril y dispositivo de control de punto ciego.

DNA: ADN Alfa Romeo
El compacto Giulietta fue el modelo encargado de estrenar el DNA, un sistema electrónico que permite seleccionar tres modos de conducción: “D” deportiva, “N” normal y “A” ahorrativa o ecológica. La versión Quadriflogio (510 CV y tracción total) incorpora un cuarto modo: “Pro”, para ocasiones tan especiales como unas tandas en circuito.

Desde que giramos el pomo situado tras la palanca de cambios hacia la posición “D” se aprecia un incremento de las revoluciones, inmediatez de respuesta del acelerador y leve endurecimiento de la dirección. Además, el color del cuadro de mandos pasa a color rojo, indicándonos que el Giulia está preparado para la acción. En modo “N” el cuadro se retroilumina en azul y en modo “A” adopta el color verde.
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