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Desde mi Atalaya -con mayúscula-
Mecenazgo institucional en el automovilismo
1 Comentarios22-05-2018  |  Juan José Alonso Prieto
Los tiempos cambian y hay que adaptarse a los nuevos modos como inevitable fórmula de supervivencia. Por muy diversas circunstancias, bien de tipo estratégico por decisiones empresariales, bien por normativas de rango estatal, hemos visto cómo han ido desapareciendo de los vehículos de competición la imagen de los tabacos, de las telefónicas, refrescos, y muy diversos productos que tuvieron un sobresaliente recorrido económico, para los deportistas, y una menor proporción en entidades organizadoras y federaciones.

Actualmente el queso de los mecenazgos ha sufrido un notable cambio en esa proporción, pasando de los deportistas a los que desde la organización hacen posible la práctica deportiva. Esta deriva viene dada por la implicación, cada vez mayor de las instituciones públicas de nuestra comunidad, desde el Gobierno de Canarias hasta el pequeño municipio cumbrero, pasando por los cabildos insulares.

Basta echar un vistazo al calendario deportivo para comprobar que la mayoría de las competiciones están denominadas por el topónimo de la región, ciudad, villa o pueblo, que no solo aportan un respaldo económico, sino que también colaboran en infraestructura y logística, aliviando o soportando íntegramente las cargas y preocupaciones que lleva el montaje de una prueba, sea grande o pequeña, en su correspondiente proporción.

Además se extiende la tendencia a que las competiciones tengan su recorrido por los propios centros urbanos de las localidades, lo que también es beneficioso para el deporte y los deportistas (siempre que las medidas de seguridad sean rigurosas) ya que se acerca el automovilismo al resto de esa masa de espectadores que nunca optarían por desplazarse a otros escenarios, con todo lo que lleva de captación para el censo de nuevos aficionados y seguidores.

Es bueno que esto ocurra. Recordemos que hasta no hace mucho tiempo algunos municipios tenían prohibido el automovilismo en su demarcación, no solo los tramos de un rallye, por ejemplo, sino también el tránsito como enlace. Ha sido un gran logro.

Esta apertura y su correspondiente patrocinio directo a través de gobernantes autonómicos y políticos del mundo rural, se ha convertido en unos calendarios desmesurados, porque ya cada pueblo, villa o ciudad quiere tener su propia carrera, si es en las fiestas patronales, mejor. Y esto se traduce un calendario tan extenso como inabarcable para deportistas y medios de comunicación. Así, entramos en el eterno dilema del exceso de oferta y la relación entre calidad y cantidad.

Es bueno, también, que los políticos hayan descubierto que el automovilismo, con un seguimiento masivo y popular, constituye un medio idóneo para trabajar su cercanía a los posibles votantes, que les ven como favorecedores de su deporte, apareciendo en imágenes multimedia y en los actos más relevantes, como presentaciones, ceremonias de salida, entrega de premios, e incluso convirtiéndose en tripulantes de la caravana de seguridad. La cuestión es promocionar su imagen, aunque sea costa de los fondos públicos. Bueno… pues bienvenida sea esta corriente.

Como puede observarse, ahora las aguas riegan el huerto de los organizadores, mientras la parcela de los deportistas se seca paulatinamente, y el resultado más evidente lo tenemos en un parque de vehículos de competición envejecido en imagen y prestaciones, por ello poco atractivo para esas inversiones publicitarias de alto nivel que buscan un impacto brillante.

Llegando aquí, no es bueno que las dos partes de nuestro automovilismo (organizadores y participantes) estén tan alejadas, pues si los recursos públicos se vuelcan prioritariamente en los organizadores, tendremos unos practicantes empobrecidos, con mecánicas vetustas y resultados mediocres, llegando a una división entre ricos y pobres. Es cierto que antes era al revés, pero ya lo dice el refrán “en el término medio está la virtud”, más en esta circunstancia donde la práctica deportiva conlleva unos costos brutales y los patrocinios verdaderamente sustanciosos son tan escasos que ya se parecen al premio de una lotería.

Un poco de reflexión, por favor, no vayamos a tener grandes pruebas con organizadores nadando en la abundancia, pero con una respuesta participativa que pierde su valor competitivo a la vez que aumenta su antigüedad por falta de recursos.
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Comentarios · 1
1 · Car 25-05-2018 19:11 h.
Consecuencia de esto es el apoyo de organizadores a candidatos federativos que les bailen los canticos , mientras los deportistas y a pesar de ser mayoría tiene menos representación en la asamblea , teniendo las de perder en el reparto
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