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Desde mi Atalaya -con mayúscula-
Espectadores y competiciones automovilísticas
Responsables directos de su comportamiento
1 Comentarios20-05-2010  |  Juan José Alonso Prieto
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Hasta no hace mucho, las entidades organizadoras, y en último término las Federaciones, eran las responsables de cualquier acción de los espectadores en diversos aspectos relativos a daños medioambientales, acampadas, estacionamientos de vehículos y realización de barbacoas en zonas prohibidas, espacios naturales y en general áreas de sensibilidad ecológica.

En estos últimos años se han tramitado diversas denuncias cuyo resultado final ha sido sanciones de muchos miles de euros que han recaído sobre la Federación Provincial y la Escudería organizadora de cada prueba, por hechos como daños a la flora por invasión indiscriminada de los vehículos en zonas de vegetación, acampadas, restos de basura, botellones, e incluso contaminación acústica derivada de equipos musicales a todo volumen por gentes que no van ni a presenciar la carrera.

Después de muchas gestiones y escritos, razonando la imposibilidad de que una entidad organizativa o federativa sea la responsable de este tipo de desmanes por parte de un público incivilizado, que incluso no asisten como espectadores de la prueba, sino que aprovechan la concurrencia pública para montar su fiesta particular, se ha llegado a un nuevo y lógico planteamiento por las autoridades de Medio Ambiente, en virtud del cual cada persona es responsable directa de la infracción que supuestamente esté cometiendo.

Esta nueva situación se tradujo en que durante el pasado Rallye Islas Canarias “Trofeo El Corte Inglés” se formularan en torno a medio centenar de denuncias por parte de los agentes de Medio Ambiente y del Seprona de la Guardia Civil, todas ellas relacionadas con los ya citados aspectos medioambientales: acampadas, autobares, daños a la flora, basuras, contaminación acústica., etc.

En su descargo, los destinatarios de estas “suculentas recetas” argumentan su ignorancia sobre las prohibiciones que originaron la denuncia. Algo insólito, porque las más elementales normas de conducta cívica , además del sentido común, nos deben llevar a la lógica consideración de que no se puede invadir la Naturaleza y agredirla con la misma alegría y desinhibición que parecen regir, por ejemplo, los desdichados carnavales.

Una prueba automovilística, por normas de seguridad y respeto al medio ambiente, es todo lo contrario al desmadre carnavalero, cuyo “éxito” se mide por las toneladas de basura que se que se recogen y el número de lesionados por peleas o caídas, e intoxicados etílicos -vulgo borrachos- que son asistidos en los servicios sanitarios.

Los amigos de la juerga botellona, de las acampadas en áreas protegidas y del chunda-chunda que atenta al espíritu de los buenos aficionados que van a deleitarse con el sonido celestial de los motores, deben ir buscando otros lugares para sus desmanes si no quieren exponerse a recibir denuncias que, como mínimo, parten de seiscientos euros y que pueden llegar a varios miles, dependiendo del nivel de infracción.

También, llegados a este punto, sería conveniente que tanto organizadores como federaciones divulguen esta normativa para que nadie se vea sorprendido, porque también debe considerarse que entre los infractores de causas leves los pueda haber de “buena fe”, aunque ya se sabe aquello que nos hicieron aprender en el servicio militar: “el desconocimiento de la ley no exime de su cumplimiento”. Artículo 6.1 del Código Civil.

Para concluir, me parece imprescindible hacer un llamamiento a la seguridad, o lo que es lo mismo, al comportamiento de los espectadores y su ubicación en las zonas de potencial peligro. Recientemente hemos asistido a un hecho insólito en nuestra rallies, como fue la suspensión de un tramo “por excesiva afluencia de público y su situación”. Sin volver a argumentar sobre si esa medida fue adecuada o no, si la situación se pudo solventar en menos de diez minutos, tal como ofreció la Guardia Civil a los organizadores, hay que resaltar una vez más un llamamiento a la sensatez -que es la propia seguridad personal- así como la colaboración con el deporte que nos gusta, y que además es uno de los pocos espectáculos gratuitos que aún se pueden disfrutar.
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Comentarios · 1
1 · Desde La Montaña 21-05-2010 09:31 h.
Muy acertado tu comentario Juan Jose, espero que la aficion tome nota y considere que estamos viendo un espectaculo gratuito en la cumbre y que como minimo tenemos que respetar el espacio que usamos para que nos dejen volver otra vez, y si vemos que el vecino no cumple habra que darle un tiron de orejas, si no esto cada vez se complica mas.
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