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Motor 2000
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Desde mi Atalaya -con mayúscula-
El automóvil, mochila vital
14 Comentarios10-08-2010  |  Juan José Alonso Prieto
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Cuando uno ya ha sobrepasado la línea del Ecuador, y se acerca inexorablemente al Cabo de Buena Esperanza, a veces le invade un sentimiento de nostalgia, o el deseo instintivo de pasar revista o efectuar un balance existencial, y siempre el resultado es el mismo: me encuentro caminando con el peso -dulce y acariciador- de una mochila repleta de vivencias, entre las cuales destaca el automóvil como principal protagonista, o “leit motiv” que dicen los culturetas de la cinematografía.

Desde mi infancia, hasta hasta ahora mismo, siempre el automóvil en alguna de sus formas o manifestaciones más distintas, ha sido una constante compañía. Y cada día que pasa, más le debo a este instrumento fantástico, esa gran conquista social de la modernidad, y que no se sabe hasta dónde nos puede llevar en la posmodernidad y en un futuro más lejano.

Decía que siendo muy niño ya quedé atraído y fascinado -creo que también predestinado- por las cosas del motor y la gasolina. En mi querida Segovia natal, tenía el abuelo materno una pequeña empresa de transporte con tres o cuatro camioncitos, de la que mi padre llevaba la contabilidad y algunas -pocas- veces incluso ejercía de chófer. Y por aquel inmenso garaje andaba yo, un chaval de siete u ocho años, subido en algún trasto de aquellos y dando marcha atrás y marcha adelante, por supuesto con cuidado y bajo la vigilancia de algún mayor.

Y no fue por falta de celo o desatención de esos mayores como alcancé mi primera “lesión automovilística”. No. En esa especie de diversión infantil, intenté levantar yo solito el portón trasero de un camión y ¡zas! doble hernia inguinal. Nada grave, además pared con pared del garaje estaba un hospital. Además de ver multiplicadas las atenciones familiares, la convalecencia me permitió conocer algunas exquisiteces alimenticias en aquella época prohibitivas para el común de los mortales: merluza, plátanos... y hasta agua mineral que entonces se vendía en las farmacias.

Aquello no fue nada si se compara con las múltiples fracturas en ambas piernas que sufrí el verano de 1986 en una competición automovilística en la isla de Tenerife. Por fortuna, sin más secuela física que una acusada molestia o incomodidad al bajar escaleras, aunque no al subirlas, de eso saben bastante los traumatólogos.

Pero entre una lesión y otra, e incluso después de esta última, siempre ha estado, está, y supongo que seguirá estando el automóvil y sus múltiples “efectos colaterales”, siempre positivos.

El viaje en coche de línea -guagua- para visitar a mis abuelos paternos, contenía tan especial emoción que contaba los días y las horas que faltaban para el gran momento y tener todo un cúmulo de sensaciones proporcionadas por el hecho de ser transportado sobre ruedas propulsadas por un motor, del que me admiraba hasta el negro humazo que en grandes cantidades echaba por el escape.

Un salto en el tiempo y llega el servicio militar. Casualidad o no, seguramente predestinación, en el Cuerpo de Automóviles, en la entonces llamada Región Militar de Valladolid. Obtuve en carné militar de primera clase, lo que además de turismos, Jeep Willys y Land Rover, me permitió conducir camiones Chevrolet y Ford V8, incluso una enorme guagua americana de la que no recuerdo la marca. Una actividad que me permitía estar todos los días al volante, recorriendo carreteras y descubriendo el mundo hasta donde permitían los límites de aquella Capitanía Militar.

Horizontes que se iban a ampliar en una súbita multiplicación derivada del traslado hasta El Aaiun. Una aventura impresionante que emprendíamos diez soldados, un cabo -yo- y un sargento. Casi nada, atravesar la Península, navegar hasta el Puerto de La Luz y en otro salto a bordo de una fragata de las fuerzas navales, hasta la Playa de El Aaiun. No había carreteras, sino pistas de tierra, los desplazamientos y las misiones diversas duraban días y cientos de kilómetros con incontables averías y los recursos casi inimaginables para solucionarlos en la inmensidad del desierto, por el que rodé con un camión ligero Ford KA y otro GMC de tres ejes, por supuesto todo terreno, incluso en los últimos meses con un camión anfibio de los que hacían puente entre los barcos y la Playa de El Aaiun, que aún carecía de muelle.

Nuevo destino militar, ahora en Tenerife, en la Compañía de Automóviles que estaba -y sigue estando en La Cuesta- como instructor de los nuevos conductores que debían relevarnos en la misión africana. Duró tres meses, y ¡por fin! la licencia.

En estas idas y venidas por el archipiélago las islas habían profundizado y me tiraban irresistiblemente, además de la correspondencia que mantenía con varios amigos canarios que había hecho en la etapa sahariana.

Dicho y hecho, Aquí me presenté, comencé a trabajar, tuve mi primer coche, un Simca Monthlery, y más tarde un Skoda Octavia. Como son los primeros son los que recuerdo más especialmente.

El Simca, de segunda mano, me lo vendió Hilario Toledo, que participaba en algunos rallies de la época, y a través de él amplié el mundo de la competición que ya seguía a través de las revistas Velocidad y Autopista, en blanco y negro con un precio de 2,50 pesetas. Empecé a asistir a los escasos rallies que se celebraban, a las subidas en cuesta y los circuitos urbanos, que eran la moda de la época, con un gran intercambio de pilotos entre las islas de Gran Canaria y Tenerife.

El venenillo de la competición prendió más a fondo, y en 1967, con el coche de “todos los días”, como era frecuente en la época, participé en la Subida a Tafira, con un resultado absolutamente normal para el tipo de coche y mi inexperiencia. Había dado el primer paso, pero sería el único en varios años más. Unos veinte días después de Tafira, se celebraba una carrera de 12 Horas de Resistencia, nada menos que un “ida y vuelta” en la parte alta de la Avenida de Escaleritas, casi el extrarradio de la ciudad, con el fatal resultado de que a mitad de la prueba un fatal accidente se saldaba con seis muertos y una veintena de heridos, algunos de ellos muy graves.

Resultado: cerrojazo a piedra y barro de la autoridad, prohibiendo las competiciones en la isla de Gran Canaria, los organizadores de la prueba procesados y encarcelados, incluso se impuso la censura absoluta del automovilismo en los periódicos locales. Bueno, al menos nos quedaban las revistas especializadas y los periódicos deportivos nacionales.

Para competir y ver competiciones, era necesario viajar a Tenerife. Y en uno de aquellos viajes se me metió en la cabeza que la situación no podía seguir así, que era necesario unir fuerzas en una escudería y luchar contra la prohibición y por el derecho de poder practicar deporte sin salir fuera.

Así, con un grupo de cuarenta entusiastas, entre los que recuerdo por su mayor implicación a Hilario Gómez, Manuel de Aguilar, Miguel Ángel Toledo, Manuel Acosta, Juan Alfonso Rodríguez, Pepín Ortega, José Manuel Correas, Leandro “Lito” Rodríguez, José María Dávila, José Ramírez Mesa, etc, se fundaba la Escudería Drago el 24 de junio de 1971, en cuya junta fundacional y constituyente me nombraron presidente, Hilario Gómez vicepresidente y José María Dávila, secretario. Del tesorero, por su infidelidad, ni quiero acordarme.

Se recuperaron las competiciones con la “Subida de Juncalillo” el 20 de febrero de 1972, un día frío y brumoso, pero especial para el deporte del automóvil en Canarias, ya que fue valiosa la presencia de un importante grupo de pilotos tinerfeños para este despertar racing en la provincia de Las Palmas.

Siguieron más pruebas, prácticamente una por mes, casi todas de montaña, pocos rallies y siempre uno con carácter femenino impuesto por la Federación Española que presidía el Conde de Villapadierna y en realidad gobernaba el secretario general, Rafael Valcárcel, al que llamábamos “el langosta”, porque en sus frecuentes visiteos, ese crustáceo marino era su plato preferido.

Además de organizar, me ocupaba de hacer los comunicados de prensa que repartía personalmente a cuatro o cinco medios, además de colaborar regularmente y bajo seudónimo en El Eco de Canarias, “Octano” y en la revista comunistoide Sansofé como “Tazio Nuvolari”, en esta durante poco tiempo, porque el antiguo régimen se la cargó a base de cierres temporales y multas casi millonarias.

Ahora sí que estaba metido en el automóvil hasta las orejas. Tanto que era incompatible con mi trabajo, por lo que faltando poco para el segundo aniversario de la fundación de la Escudería Drago, presenté la dimisión. Ocupando el cargo José Canela, y más tarde Manuel Ortíz, Miguel Montes, etc.

Lo que no dejé, sino que incrementé, fue la labor informativa, Me fui al Diario de Las Palmas porque me ofrecían una página diaria y algún dinero, porque hasta entonces todo había sido “gratis y por amor”, llevaba la corresponsalía de la revista mensual “Fórmula” y de la semanal “Velocidad”, a la que después se sumó también “Autopista” porque Manuel de Aguilar se cansó prematuramente de esa labor. Y también me inicié en la radio, en la hoy llamada Cope -antes Radio Popular- en onda media y llegando a todo el archipiélago, allí estaba los viernes con la información previa y los domingos por la tarde con los resultados, crónicas, etc. del fin de semana.

En 1974 el automóvil y su entorno de competición me proporcionó una gran satisfacción al gestionar el desarrollo de una prueba que sería histórica: Rallye de Maspalomas, con un millón de pesetas de la época en la bolsa de premios en metálico. Un rápido ascenso llevó esta prueba al Campeonato de España y en 1980 al Campeonato de Europa, un hito en el automovilismo canario, en estas importantes ediciones ya no trabajaba en la organización, sino que lo disfrutaba en la carretera copilotando a Medardo Pérez en los BMW, primero el 2002, después el 320 y 323.

Mi llegada al copilotaje fue tan imprevista como singular. En el verano de 1977 se disputaba el Rallye Roque Nublo, en el que para animar a la gente y fomentar la participación, no se admitían a los pilotos considerados de algún modo prioritarios. No es en absoluto inmodestia, pero me vi ofrecer varios coches punteros para que saliera de piloto en ese rallye. Me decidí por el BMW 2002 de Medardo, y éste hasta se atrevió a ir de copiloto conmigo, sin duda una temeridad. Realmente la cosa no iba nada mal, en el último tramo, Subida de Tejeda, íbamos terceros con posibilidad de ganar una posición. Demasiadas curvas para intentarlo, pero me lancé y terminé el tramo, quiero decir que pase la meta, porque en la curva siguiente un eucalipto se me vino encima y allí me quedé con cara de tonto y el BMW un tanto perjudicado en el frontal. La reacción de Medardo no la mejoraría ni el británico más flemático: “A partir de ahora tú vas a ser el copiloto para que veas lo que es bueno...” y así fue, una alianza que se extendió hasta el último sábado de octubre del 1992, cuando ambos firmábamos nuestro adios a la competición. La despedida, llena de emotividad, fue en un rallyesprint organizado por las escuderías de La Palma para homenajear a Medardo precisamente en su lugar de nacimiento: Llano Negro, fue el “Rallyesprint Briesta-Llano Negro” y la victoria número 101 del piloto palmero, en un buen número de esas victorias tuve participación, también hubo decepciones, pero esas se olvidan. Como recuerdos indelebles: ganar el Rallye Seat 127 en Tenerife con medio centenar de coches iguales y el nuestro rompió el motor la tarde anterior; el otro lograr terminar -y además con victoria- el Rallye Rías Bajas en Vigo, y fue a la cuarta con el Lancia 037, después de sufrir tres abandonos, y no hay nada más traumático que retirarte lejos de casa, lo mismo en el calor de la tarde que en un frío amanecer.

Al automovilismo deportivo, y a la información automovilística -precisamente a principios de los 80 obtuve la convalidación del título oficial de periodista- debo una ingente acumulación de sensaciones, de conocimientos, de enriquecimiento cultural y, sobre todo de un largo censo de amigos en cualquier rincón de las islas y en muchos lugares de la geografía nacional. Conocí numerosos rallies, circuitos, competiciones de todo tipo -incluso de motos- países europeos, fábricas y museos del automóvil... Siempre el automóvil...

El seguimiento de los rallies en unos casos, y la participación en otros, me llevó al descubrimiento de increíbles rincones de la geografía regional y nacional, de sus gentes, de una gastronomía variada y siempre insuperable. Llenarse de sensaciones con el automóvil y gracias al automóvil en sus distintas variantes, como pretexto o como protagonista principal, haciendo kilómetros y kilómetros como un incansable correcaminos, siempre descubriendo algo, siempre archivando apuntes en el “disco duro” del cerebro para luego irlos recuperando a voluntad, como estoy haciendo ahora, por ejemplo.

Seguía trabajando en la información: periódico La Provincia, revista Canarias Motor, emisoras de radio varias según me iban mejorando la oferta económica, la corresponsalía de Auto Hebdo Sport... En 1983 y 1984 tuve que recuperar un Rallye de Maspalomas defenestrado por sus organizadores, que habían traspasado su categoría europea e internacional al Rallye El Corte Inglés, prueba ésta en la que también colaboré para su puesta en marcha, sin imaginar que con su poder económico iba a fagocitar al siempre entrañable Maspalomas, lleno de tantos y tantos sentimientos como prueba-faro del automovilismo canario.

En el transcurso de un viaje Madrid-Gran Canaria convencí a Miguel Ángel Guerra, responsable de Marketing en R.J. Reynolds-Camel, para el patrocinio e implantación en Canarias de los rallies secretos en tierra. Nacieron poco después bajo la denominación “Camel Off-Road”, constituyendo un revulsivo que marcó una época, con récords de participación y llegada de vehículos super competitivos

El automóvil, siempre el automóvil como envoltura global, incluso hasta en sueños, siempre sueños maravillosos y jamás pesadillas. Será porque duermo -pared por medio- con mi automóvil favorito, el VW Escarabajo, que incluso a través del muro me transmite sus vibraciones positivas.

El automóvil como concepto glorioso también en el ámbito familiar. Instrumento para la práctica deportiva de mi esposa Mari Pino, una piloto emocional y defensora de la parcela femenina durante bastante años, muchos en asfalto y al final también en tierra. Precisamente dejó la competición cuando mis hijos Aythami y Flavio también empezaron a competir y estaba más pendiente de ellos que de sí misma. Nunca llegué a participar en esta modalidad sobre tierra, de modo que yo les seguía a ellos...

Como padre de pilotos he tenido la suerte de disfrutar innumerables éxitos, empezando por el Campeonato Regional de Rallies sobre tierra que lograba Aythami con sólo 23 años, estableciendo un récord de precocidad en el archipiélago, y cuando se pasó al asfalto, sumando incontables victorias con el Audi A4 ST, el mejor coche de circuitos que ha rodado en Canarias. En el palmarés de Flavio, he de empezar por el final: su campeonato de España de Rallies sobre Tierra, que supuso su retirada de la competición, después de haber acumulado victorias innumerables en rallies de asfalto, de tierra, e incluso en circuitos. Sin olvidar sus grandes laureles en la Carrera de Campeones. Aunque para mí la huella más profunda la dejó en el Rallye Rías Bajas, aquella prueba que en el pasado fue tan frustrante para mi, más de un centenar de participantes con gran calidad como prueba del nacional de rallies, y en el primer tramo, un complicado descenso de unos 15 km, marcaba el octavo puesto de la general ¡con un Peugeot 106 Rallye del Desafío!, monomarca en la que competía con Dani Solá y Marc Blázquez, como pilotos que después tuvieron gran progresión. Concluyó el rallye ganando el Grupo N, aunque salieron varios Mitsubishi y algún Subaru. Sin duda esto tiene más sustancia deportiva que ganar un gran rallye con una gran montura. Al menos bajo mi perspectiva.

Primavera de 1991 y el automóvil sigue siendo no mi compañero de viaje, sino esa mochila vital. Junto con mis hijos y varios compañeros de la información -pero por encima de todo amigos- fundamos la Revista Motor 2000, de la que poco voy a contar, porque está bien reciente su trayectoria hasta el pasado mes de diciembre en el que se publicó el último número ante la inviabilidad económica de su continuidad, derivada de la gran crisis comercial en la que había caído mi amigo el automóvil.

La dedicación a Motor 2000 requería dedicación exclusiva, y así dejé las tareas en prensa, los programas de radio, e incluso renuncié a una actividad gratificante como aquel resumen semanal titulado “Racing” que se emitía los lunes en Televisión Española, pero cuya edición requería de un tiempo muy superior al de mis posibilidades.

Y ahora mi compañero de viaje en -y con- el automóvil es la web, este portal que me ha hecho descubrir nuevas dimensiones en el mundo de la información: inmediatez, flexibilidad, espacio ilimitado, difusión universal, interactividad con los internautas. Algo nuevo y apasionante para un veterano de la información que conoció en sus primeros tiempos la tipografía y la linotipia, y al que pareció un gran descubrimiento la fotocomposición y otras técnicas que fueron revolucionarias y hoy han quedado totalmente superadas en la red, que cada día sigue incorporando nuevas herramientas para reafirmar su liderato como medio de comunicación social.

La red es para mí, el intermediario entre el automóvil y los que llegan a esta página. Aún es algo nuevo que estoy empezando a descubrir y que, por encima de todo me permite refundir dos aspectos fundamentales: el automóvil y la amistad, dos conceptos de los que sigo disfrutanto día a día y espero que por mucho tiempo.

El culpable de estos recuerdos ha sido un extraño día de este mes de agosto en el que una espesa niebla con su ligera llovizna, convertida en lluvia horizontal bajo los árboles, me ha dejado anclado en casa bajo la espera de que el sol veraniego muestre su poderío y se lleve esta agobiante masa nubosa que altera el rango habitual y las pautas biorrítmicas de lo que debería ser un luminoso día veraniego. La bruma ha sido la causante de este desahogo, por el que pido discupas hasta el que haya tenido la paciencia de llegar hasta aquí. Sólo por ello, mi respeto y la consideración de amigo común con nuestro querido automóvil.
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Comentarios · 14
14 · Manuel Sosa 16-10-2010 06:47 h.
Don Jesús Benjumea, piloto de larga trayectoria deportiva en el automovilismo Canario que cuando niño tuve el placer de contemplar. Me alegro mucho volver a verle después de tantos años. Desde tu Atalaya ó mi retrovisor, se contempla vivencias antañas que nunca debemos de olvidar y a menudo revivir, Saludos. Manolo Sosa Autos Vegueta
13 · Manuel Sosa 16-10-2010 06:47 h.
Juan José, Agradecerte personalmente tus relatos que aunque soy solo un poco mas joven que tú y que el amigo Miguel Ángel Toledo, lo cual soy admirador de los dos, cada uno en su faceta deportiva y profesional. Nos haces refrescar la memoria y revivir aquellos años de esa época que paso, y que ahora desde nuestros retrovisores observamos con una sonrisilla de poder seguir por aquí contemplando el camino recorrido, que maravilla! Hace unos días casualmente me encontré con otro ídolo de mi infancia, yo pasaba por delante de su garaje cada día de camino al colegio y admiraba su reluciente 911 Rojo, y no podía continuar mi camino sin hacer una breve parada de dos minutos para contemplar tal ejemplar motorizado, siempre reluciente, ese Caballero es Don Jesús Benjumea, piloto de larga tra
12 · Miguel A. Toledo 05-10-2010 20:25 h.
Bueno pués no se por donde empezar, pués sí felicitandote, ya que me transportas a mi primera juventud haciendome recorrer esas subidas cepillo en mano y el camión de Juan Alfonso Rodríguez cargado de gomas querecopilabamos en las estaciones de servicio para ponerlas de protección en la pista de carrera, de todo lo escrito doy fé y te quedas corto en tus comentarios, recuerdo las excursiones que hacíamos por esos campos de Dios para hacer un asadero ibas siempre con tu familia y tus hijos pequeñitos, cuantas vivencias agradables, sigue así saludos tu amigo Miguel A. Toledo.
11 · José Santana 14-08-2010 22:49 h.
Para nada pida disculpas por su comentario-resumen de sus vivencias, es un placer ponerse a leer estas vivencias, sobre todo relatadas como usted solo sabe hacerlo, sin adornos y sin querer presumir, espero poder seguir viéndolo muchos años más para que pueda seguir premiándonos con relatos como este. Saludos
10 · Iván Bethencourt 14-08-2010 06:46 h.
Evidentemente no caben aquí todas las vivencias y anécdotas tuyas, pero quienes te conocemos sabemos que te has quedado corto. Yo añadiría que también has sido maestro de muchos de los que hoy, de una manera u otra, nos dedicamos a nuestro común amigo "El Automóvil"; y yo me considero uno de tus alumnos. Gracias "MAESTRO".
9 · orlando 13-08-2010 11:37 h.
Me uno a la felicitación de todos por el excelente comentario, resumen de una larga y ejemplar vida deportiva y de amor al automovilismo, poniendo siempre luz y claridad al controvertido mundo de las carreras de coches. Por supuesto, mi felicitación se extiende a sus hijos, cuna de grandes pilotos, y señora, que tambien se hizo sus buenos rallyes. Saludos, y como siempre esperamos verle al pie de asfalto en la próxima carrera.
8 · Antonio Suarez Trujillo 13-08-2010 10:46 h.
Nostalgia, mucha nostalgia y muy buenos recuerdos de aquellas pruebas.A las que teniamos la suerte de que alguien nos llevara despues de ver nuestro dedo en alza en alguna cuneta, pero a la reunion de los domingos por la tarde para oir el programa de automovilismo que empeceba con aquella musiquita que asociabamos a Wiston, eramos unos inverves y el programa nuestra religión
7 · REBOTE 13-08-2010 06:55 h.
¿Paciencia? Mas bien diría que es lo mínimo que debia hacer por alguien que durante tantos años, sin saberlo, me ha acompañado durante tantas horas. Todavía recuerdo la cara de sorpresa que se te quedó una mañana cuando, en aquella pequeña oficina en la que originariamente se "fabricaba" MOTOR 2000, me despedí de ti diciéndote "hasta las tres". Nuestro querido Juan Rafael se partió de risa, pero tú no te creías eso de que algunos con 15 años estuvieran tan anomaradas del automóvil que nos pasábamos toda la tarde escuchando los programas de radio que hablaban de nuestro mundo. Ya no es igual... Y ahora nos encontramos aquí, detrás del teclado. Ha cambiado el canal, pero ya deseamos que llegue la fecha de la próxima carrera. Como antes. Como siempre. Saludos para todos. Elías
6 · Octavio Jiménez 12-08-2010 11:31 h.
Fantastico resumen y ameno resumen, aunque falta a la referencia a los dos libros que usted ha escrito, del rally Corte INgés y del isla de Gran Canaria. Se lo recuerdo para animarle a que haga algun otro para disfrutar de ello. Le saludo con afecto.
5 · Víctor Monagas 12-08-2010 07:26 h.
D. Juan José de lo mejorcito que he leído en mucho tiempo, muchas felicidades por esa gran labor llevada durante varios años. Saludos del nuevo copiloto del BMW 2002 de Medardo (Regularidad).
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