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Sábado, 21 septiembre - 2019 (13:07 h.)
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VII Rallye Ciudad de Santa Cruz (22-23 de junio 1985
Reválida canaria de Carlos Sainz
Con bastante frecuencia surge la pregunta relativa al automovilismo canario ¿cualquier tiempo pasado fue mejor?. Como veterano testigo de distintas épocas digo rotudamente “Sí hubo mejores y más brillantes etapas en nuestro querido deporte, de forma muy especial en los rallies”.
3 ComentariosImprimir22-06-1985  |  Juan J. Alonso
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Para argumentar esta opinión, nada mejor que echar un vistazo al “VII Rallye Internacional Ciudad de Santa Cruz”, disputado hace casi 27 años, los días 22 y 23 de junio del año 1985, una magnífica época que recuerdan con dulce nostalgia los que tuvieron la suerte de vivirla.

La Escudería Anaga vivía sus días de gloria como entidad organizativa, sin duda con el equipo más sólido y serio de los que han trabajado en el automovilismo tinerfeño. Su sede de la Escudería Anaga no solo era el laboratorio de montajes extraordinarios, con montajes absolutamente profesionales, además en aquellos locales de la santacrucera calle Salamanca se vivía un especial clima de familiar camaradería entre los socios y todo aquel que quisiera estar informado al minuto de todo lo que se movía en el ámbito regional, nacional e internacional. En el plano local empezaban a circular en el Cabildo los primeros planos del Circuito de Velocidad en el sur tinerfeño.

Pero la fe de los escuderos “salmantinos” no estaba para elucubraciones fantasiosas sobre un circuito. Su religión solo conocía los rallies, aquel Rallye Ciudad de Santa Cruz que había nacido en 1979 y que en la temporada siguiente ya era valedero para el Campeonato de España, y en su séptima edición ostentaba categoría internacional y el máximo coeficiente para el certamen nacional, lo que supuso una inscripción que, comparada con la mediocridad actual, sería de auténtico lujo con una lista de 82 equipos para enfrentarse a un rallye de verdad, un rallye para hombres en todo el sentido de la palabra, sin nada que ver con las mariconadas actuales del formato 3x3 sobre alfombras de asfalto, nada que ver con aquellos tramos de firmes rotos, bacheados y destrozadores de neumáticos y suspensiones, además de machacar las vértebras de los sufridos tripulantes que en esta ocasión debían enfrentarse a lo largo de 24 horas seguidas con nada menos que 887,100 km, de los que 249,150 correspondían a los tramos cronometrados, 24 en total, repetición de ocho distintos: Barranco Hondo-Araya (14,0 km), Arafo-La Esperanza (23,4 km), Bailadero-San Andrés (10,5 km), Porís-Arico (9,3 km), Atogo norte-sur (7,1 km), Buzanada-San Miguel (10,0 km), Vilaflor-Granadilla (11,6 km) e Icor (12,0 km).

La dotación de premios en metálico estaba en consonancia con la categoría del rallye y envergadura del rutómetro: un millón y medio de pesetas, de las que 250.000 estaban destinadas al equipo ganador.

Digo, pregono y repito que “cualquier tiempo pasado fue mejor”, sin duda de ningún tipo. Y por lo que respecta a esta gran prueba, como modestísimo homenaje, no me resisto a dejar de nombrar algunos personajes señeros tanto en este rallye como en el automovilismo tinerfeño de la época, por ejemplo: Domingo Trujillo, José Fernando Déniz, Fernando Guisado, Julio Martínez, Pablo Estévez, Hortensia Hernández, Jesús M. Ramos. Luis Martín, Juan José Bustos. Juan M. Bermúdez, Pablo Estévez, Francisco M. Hernández y un largo etcétera.

Una semana después de El Corte Inglés...
Como deferencia a los equipos habituales seguidores del Campeonato de España, era práctica común agrupar en dos fines de semana consecutivos los rallies El Corte Inglés y Ciudad de Santa Cruz. Una proximidad tan ajustada que hacían inevitables los perjuicios para el rallye tinerfeño, ya que los coches dañados eran irrecuperables en solo breves días, así les ocurría a Medardo Pérez y Pedro Estévez, con roturas de motor en sus respectivos Renault 5 Turbo de grupo B; por parte local a José Juan Perera “Babán” con el Talbot Lotus y como circunstancia anecdótica, Stefano Zanesco se quedaba en el momento de la salida por haber extraviado las llaves de su Fiat 130 TC.

En los puestos de cabeza, el rallye era una revancha para Salvador Serviá que había tenido “la negra” en Gran Canaria, primero topándose de frente con un motorista de la Guardia Civil de Tráfico en el segundo tramo, y después por avería en el compresor volumétrico del Lancia 037. Las cosas parecían cambiar en las carreteras tinerfeñas porque tras disputarse los diez tramos de la primera sección su ventaja sobre el Renault 5 Turbo de Carlos Sainz se elevaba hasta los 50 segundos.

Sorprendentes las prematuras bajas de los dos Nissan 240 RS del Team Marlboro, pilotados por los británicos Terry Kaby y Marck Lowell, que se quedaban en el primer tramo, lo mismo que Tomás Gimeno (rotura de palier en el VW Golf GT) perdiendo el Grupo N uno de sus principales protagonistas.

A distancia del duo de cabeza, Beny Fernández (Opel Manta 400) se afianzaba en la tercera posición, mientras Carlos Alonso Lamberti, también con Manta 400, se constituía en abanderado de los pilotos insulares, con cierta ventaja sobre Fernando Capdevila (BMW 635 CSi), José Luis Rivero (BMW 323i exMedardo), y Santiago Álvarez (Renault 5 Turbo Tour de Corse) aunque este perdía más de cuatro minutos como consecuencia de un llantazo en la tercera pasada por “Araya” y Rivero se veía obligado al abandono por rotura del puente trasero. También arrastraba muchos problemas Carlos Hafner, disponiendo de frenos solamente en el eje delantero del Mitsubishi, por lo que sus tiempos en baja empeoraban considerablemente.

Jesús Puras estaba causando una magnifica impresión, obteniendo tiempos excelentes con el Renault 5 Turbo, pero su carrera quedaba truncada al salirse de forma impresionante en la parte final de La Esperanza, su coche quedaba destrozado contra un corpulento árbol, aunque por fortuna los dos tripulantes salían ilesos del trance.

En el Grupo A, además de los BMW 635 CSi de José María Ponce y Fernando Capdevila, eran muy dignos de destacar las notables prestaciones de Félix Delgado con Toyota Corolla y Luciano Díaz sobre Toyota Starlet.

Orlando Alonso (Volkswagen Golf GTI) empezaba a destacarse al frente del Grupo N sobre Juan Lorenzo González (Golf GTI). Bernardo Díaz (Alfa Romeo) y Javier Hernández (VW Golf GTI).

Entre los coches más pequeños, muy interesantes las acciones de Borja Moratal con el Peugeot 205 GTI oficial y del tinerfeño Francisco Saavedra al volante del Citroën Visa.

Segunda etapa, el gran duelo Serviá-Sainz
Lógicamente podía esperarse que la segunda etapa iba a suponer un incremento de la ventaja del Lancia de Serviá sobre el Renault de Sainz, pero pronto se desmontaba esta hipótesis, ya que en “Arico” Carlos restaba 8 segundos, 9 en “Atogo” y otros 9 en la “Bajada de Vilaflor”. El signo del rallye estaba cambiando a pasos agigantados, porque la remontada Renault venía a coincidir con el bache del Lancia al haber agotado éste el cupo de neumáticos, que eran los inicialmente previstos para hacer un solo rallye, pero al ampliarse el programa canario a la prueba tinerfeña, las asistencias de la Jolly Club se las veían y deseaban para encontrar gomas que no estuviese degradadas. Así, el rallye se le iba de las manos al catalán, que se veía psicológicamente derrotado a medida que el joven Sainz apuraba más y más en una conducción exuberante y de máxima eficacia, sobre todo en los tramos más difíciles y complicados, como “Arico” y “Atogo”.

Beny Fernández no tenía ninguna posibilidad de inmiscuirse en la gran batalla y se mantenía al margen para asegurarse el tercer puesto, lo mismo que Lamberti, poniéndose a salvo de cualquier incidencia, ya que sus posiciones estaban muy definidas.

En el equipo BMW-Sauermann, Capdevila se mantenía quinto, mientras Ponce estaba recuperando los cinco minutos que había penalizado en el primer control de la segunda etapa al tener que sustituir un muelle de válvula en el motor del 635 CSi. Con unos tiempos un tanto irregulares, Santi Álvarez lograba finalmente rescatar su inicial quinto puesto al producirse la retirada de Capdevila por rotura de diferencial.

Otros abandonos importantes eran los de Félix Delgado, Borja Moratal y Francisco Saavedra. Dentro del Grupo N eran baja Bernardo Díaz y Javier Hernández, mientras Orlando Alonso mantenía un extraordinario nivel con el Golf GTI, tanto que algunos tramos se situaba entre los diez primeros. Roberto Arnay tenía problemas en un tramo con el Opel Ascona y perdía varias posiciones.

Con todo ello la atención del aficionado se centraba en esa gran lucha nocturna que estaban protagonizando por el primer puesto Carlos Sainz y Salvador Serviá, alcanzando las acciones su más alto climax en los cuatro últimos tramos y a partir de “Atogo”, donde Serviá marcaba un gran crono de 4’15”, pero en su gran forcing el bombardero Sainz le restaba 3 segundos, que en “San Miguel” eran 2 más en el haber del madrileño, quien ya veía la victoria claramente accesible, porque en las pasadas anteriores por la tortuosa “Bajada de Vilaflor” había logrado ventajas importantes sobre el catalán, y en esta ocasión volvía a repetir una diferencia de 8 segundos que, a falta de un solo tramo, situaban al piloto de FASA-Renault como líder con una ventaja de 5 segundos.

Todo indicaba que el nuevo y bonito tramo de “Icor” iba a ser el juez final del rallye, y hacia allí se dirigían en masa todos los aficionados para no perderse la suprema emoción del final de una carrera que después de 24 horas se iba a decidir en un cara o cruz de infarto. Un ojo en la carretera y otro en el cronómetro para comprobar lo increíble: ambos equipos realizan el mismo tiempo y por lo tanto victoria final para Sainz, que sumada a la obtenida días antes en El Corte Inglés, suponía un gran vuelco en las posiciones del Campeonato de España de Rallies.

Salvador Serviá se anotaba 13 scratchs y Carlos Sainz 12, ambos batiendo o instaurando los récords en todos los tramos y protagonizando la pugna más emocionante jamás vivida en los rallies tinerfeños.

Detrás no se producía ninguna alternativa de importancia en la clasificación. Los puestos eran los establecidos desde varios tramos antes en base a las grandes diferencias respectivas. Con la penalización de 5 minutos, José María Ponce cedía una plaza a favor de Santiago Álvarez y Félix Ramón García “Monchi”, también con tres minutos de penalización perdía tres posiciones.

El rallye tuvo una organización perfecta, incluso el último tramo se iniciaba puntualmente a la hora prevista. La Escudería Anaga tuvo la colaboración del Ejército de Tierra en transmisiones y ambulancias, así como el apoyo en labores de carretera de las escuderías Atogo, Daute y Tacoronte.
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Comentarios · 3
3 · Humber 02-05-2012 16:20 h.
Que gran rallye y que gran articulo, deberia ser de lectura obligada para los organizadores y los pilotos actuales.
2 · Domingo de Laguna 29-04-2012 09:06 h.
Impresionante relato, aunque causa pena compobar todo lo que hemos perdido en nivel de coches, de pilotos, y sobre todo de organizadores.
1 · juan pedro 29-04-2012 00:54 h.
con la emocion que tengo,solo puedo decir muchas gracias , que jj alonso,tiene muchisima razon en lo de que cualquier tiempo fue mejor y que esto si eran rallyes ,en todos los sentidos
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